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MARADONA. EL VELORIO SÍ SE MANCHÓ

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El merecido homenaje a Diego Maradona terminó opacado por una inexistente organización justo cuando Argentina, como siempre quisimos, volvió a ser el centro del mundo. El episodio que dejó al desnudo otra vez, intereses políticos, reproches en público del oficialismo y otro capítulo del enfrentamiento entre el gobierno nacional y el gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Acá la nota pormenorizada el diario BAE Negocios firmada por Javier Slucki.

El homenaje terminó en una súplica de que no hubiera heridos o algo peor
El homenaje terminó en una súplica de que no hubiera heridos o algo peor.
Desde el momento en el que el Gobierno dijo que iban a ir un millón de personas y accedió a que durase 10 horas, era evidente que algo iba a salir mal.

La primera mitad del evento que ningún periodista quisiera tener que cubrir, el velorio de Diego Armando Maradona, transcurrió con relativa normalidad. Hasta media mañana (26/11), hacer la cola de punta a punta llevaba poco más de una hora. La situación comenzó a desbordarse al mediodía, cuando dentro de todo parámetro esperable llegó la mayor parte de la gente: cada 15 minutos la fila se alargaba una cuadra.

Alrededor de las tres de la tarde, el acceso a la Casa Rosada se cortó, luego de al menos dos estampidasdesmanes en la 9 de Julio, gente corriendo adentro del Salón de Los Patriotas Latinoamericanos y alguno que otro tirándosele encima al féretro.

La fila dejó de existir, al igual que un par de metros de la reja de ingreso a la Casa de Gobierno, que terminó custodiada por decenas de efectivos de la Gendarmería y la Policía Federal. En el Patio de las Palmeras, las fuerzas de seguridad tiraron gases lacrimógenos para expulsar a los que se habían colado.

En Avenida de Mayo y 9 de Julio, la Policía de la Ciudad reprimió con más gases y balas de goma cuando se anunció que se cerraba el ingreso a la fila y unas diez cuadras de gente, en su mayoría venida desde lugares más o menos lejanos del conurbano, se enteró de que debería volverse sin despedida alguna.

De paso, la pandemia de coronavirus parece haberse suspendido en Argentina por un día. A lo largo de toda Avenida de Mayo fue difícil llegar a ver más de dos agentes policiales. Ninguna autoridad se acercó para pedir distanciamiento y los primeros empleados del Ministerio de Salud aparecieron para dar alcohol en gel recién en Yrigoyen y Defensa. Aunque si algo se podía prever es que iba a haber personas alcoholizadas y gritando a viva voz, el operativo sanitario brilló por su ausencia.

Al ingresar al subte en el barrio de Almagro, dos policías se limitaban a mirar a unos metros de distancia cómo la gente pasaba los molinetes sin enterarse jamás de si tenían permiso de circulación. Lo que empezó como una entendible actitud de administrar lo mejor posible una situación de hecho, terminó en una lamentable desidia de parte de todas las autoridades.

En un par de horas, el deseo de poder darle su merecido adiós al mejor futbolista del siglo se transformó en la súplica de que no hubiera heridos o algo peor.

La familia puede haber tomado una decisión desacertada en un momento de inmenso dolor, pero los culpables de negligencia no son ellos. Hasta ahora, no hubo más que pases de factura entre Nación y Ciudad, sin el menor atisbo de asumir ninguna responsabilidad por parte de nadie.

Un colorido e histórico homenaje popular con diversos orígenes, clases y camisetas como el país no veía hace 10 años, quedó opacado por una inexistente organización justo cuando Argentina, como siempre quisimos, volvió a ser el centro del mundo.

Perdón, Diego.

Foto portada: gentileza Diario Democracia.

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