SENSACIONES.

Uno de los recuerdos que tengo de niña, es ver a mi abuela y a mi mamá mirando plantas en el jardín, compartiendo seguramente gajos y secretos, pero yo sólo las veía. La vida pasaba por otro lado.

El jardín era eso que se atravesaba para llegar a casa, y las plantas eran aquello a lo que se dedicaba mamá en sus ratos libres, y en los que no me pedía que hiciese nada, con lo cual podía seguir jugando. Porque la vida pasaba por otro lado.

Andrea Nuñez.

Lo cierto es que crecí y durante muchos años me dediqué a contemplar la agonía de los Potus que caían en mis manos. A mis casas porteñas les ha faltado siempre algo de verde, seguramente habrá sido porque le sobraban niños y pelotazos, y faltaba tiempo… Es que la vida pasaba por otro lado en ese entonces.

Y porque a veces es necesario volver… la vida me devolvió a Capilla, treinta años después de haberme ido.

Comencé a rescatar macetas de mi mamá, yo estaba de vuelta y fue una especie de homenaje a ella. Compré en lo de Sandra, algunos plantines de una planta que ni sabía que existía. Cosmos. Hoy sin dudas mi planta favorita. Es lo etéreo hecho flor.

Una mañana más de las que me iba a Capital a trabajar, abrí la puerta de mi casa y ahí las vi. Mis flores en la maceta de mamá. Un miércoles cualquiera, cuatro flores en una maceta me sacaron una sonrisa a las ocho de la mañana, cuando esperaba el viaje dos horas en la Panamericana, y un día de oficina. Y esa sensación me acompañó aquella vez. Esas cuatro flores en esa vieja maceta, me dieron una alegría que perduró.

Entonces entendí que la vida también pasaba por multiplicar cualquier cosa que te haga sonreír.

Dicen por ahí, las personas que saben, que la vida se debe medir por los momentos que te quitan el aliento. Y, ¿a quien no se le fue el aliento ante la vista de una flor, o ante una planta minada de pimpollos?

Empecé a agregar flores en mi casa, y me originaban siempre en algún rincón, una sonrisa que me sorprendía. Es que la vida pasaba por ahí!…

Encontré en algún lugar semillas de una planta que siempre habitaba el jardín de mi vieja. Zinnias, y comenzó otra historia.

Porque todos sabemos que de una semilla sale una planta, ¿quién puede dudarlo? Pero una semilla cosechada por vos y vuelta a sembrar, encierra adentro mucho más que una planta…

Una semilla guarda adentro la primavera que va a llegar, también la que quedó atrás y las expectativas con que la sembraste. Y claro, los paseos por el jardín para ver cómo avanza, la emoción de verla germinar, la paciencia para darte cuenta de su crecimiento, las tardecitas de riego, la alegría cuando alumbra el primer pimpollo.

El orgullo porque una abeja se pose en una de tus flores, tu silencio cuando una mariposa hace lo suyo, las miles de capturas fallidas para hacerle un foto a ese picaflor que viene siempre a la misma hora, en general cuando no tenés la cámara o el celular a mano!.

Una semilla también te marca cada hora que pasaste en el cantero sacando los yuyos, mientras pensabas en las miles de cosas en que se piensaN cuando se sacan yuyos en el jardín, y la paciencia al cosecharla, el frio invierno en que las guardaste, hasta que el proceso vuelve a empezar.

Es que la vida también pasa por los pensamientos locos, o tontos que nos generan las cosas que disfrutamos.

Habitan mi jardín las Crocosmias que me regaló Liliana, los Rayitos de Sol del gajo que me dio Josefina; la Aquilegia regalados por Laura y Yepe para mi cumple, los Agapantos de la casa de mi abuela y los Junquillos que rescaté del fondo, que imagino , eran de la abuela “Chiquita”, y esa que no sé cómo se llama que encontré en lo de tía Titi… El Jardín es eso también, una tribu que valora lo que es valioso para vos. Es que la vida también pasa por ahí.

Espero ansiosa la floración de las que fui eligiendo yo misma, aquellas Nigelias que pensé que estaban suspendidas en el aire cuando las vi, y la Scabiosa atropurpúrea que me quitó el aliento estando de vacaciones, y cuyo nombre tardé meses en descubrir. Aguardo que florezcan las No me olvides, obsequiadas por una jardinera de Lago Puelo a la que conocí por Instagram.

Por ahora en mi  humilde invernadero, ansían la primavera, Scabiosas, Nigelias, Asclepias, Verbenas, Arverjillas y todas aquellas que cuando me las crucé, me cautivaron con su flor. Busqué flores que atraigan mariposas y abejas, investigué, pregunté y volví a investigar. Porque la vida pasa también por aprender mucho sobre lo que te apasiona.

Elijo los jardines llenos de flores, me gusta la mezcla de perfumes y colores. Me gusta que aparezcan colores nuevos en la siguiente primavera, señal inequívoca de una abeja viajera, que trajo un color foráneo a mis flores. Otra conexión de tribu de jardineros, una abeja que se posa en una flor tuya, puede modificar el color de otra flor a kilómetros de distancia. Maravilloso!

Si pienso en términos de la evolución humana, diría que soy aún una Neanderthal de la Jardinería. Sólo me apasiona día a día lo que voy viendo, y lo que voy sintiendo entre semillas, plantines y flores y quiero más…

Es que la vida, y sin dudas la mía, pasa por acá. Por esperar siempre, por visualizar siempre, y por disfrutar siempre la primavera.

 

Por Andrea Nuñez. (º)

(º) Vivo en el Barrio La Loma, donde era el restaurante de Nuñez, mi papá. La mejor decisión de mi vida fue volver a vivir a Capilla. Soy mamá de tres buenos hombres, y trabajo incansablemente para poder hacer las actividades que me apasionan

 

Fotos: A. Nuñez.

1 Comentario

  1. Es hermoso Andrea!! Me encantó!!! Sentí simpleza, recorrido, historia, color, fotografía, amor, pasión. Sentí, sentí, sentí!!!!! Bello, Bello, Bello!!!

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