Lo que llamas seguridad… es la excusa más elegante que encontraste para no cambiar.
No es que no puedas. No es que no sea el momento. No es que “tenés mucho en juego”.
A una vida que funciona… pero no te enciende.
Y aprendiste a defenderla.
La ordenaste. La hiciste predecible. La volviste “correcta”.
Y ahora… no la querés romper.
No porque sea la vida que soñaste.
Sino porque es la vida que ya sabes sostener.
Porque hay algo que no estás queriendo ver:
No te estás cuidando. Te estás evitando.
Evitando esa conversación que sabes que tenés que tener. Evitando ese paso que sabes que tenés que dar. Evitando mirarte de frente y aceptar que creciste… pero no actualizaste tu vida.
En el mismo lugar. Con el mismo rol. Con la misma versión.
Porque antes era ignorancia. Ahora es elección.
Y ese es el lugar más peligroso de todos.
Porque no hay urgencia. No hay crisis. No hay nada que te obligue a cambiar.
Solo una voz —cada vez más clara— que te dice:
Pero no lo disfraces más.
Hoy no te voy a decir que saltes.
Te voy a decir algo más incómodo:
Deja de hacerte el distraído.
Estás eligiendo no moverte.
No te falta claridad. Te sobra tolerancia a una vida que ya no es para
|