En tiempos.
Donde cualquiera puede abrir una cuenta y llamarse medio, periodista o comunicador, también es momento de preguntarnos qué lugar ocupa realmente el compromiso con informar.
En las últimas semanas, observando distintos espacios y formas de comunicar, aparecen prácticas que preocupan: operaciones, perfiles anónimos, mensajes que buscan instalar relatos y una competencia donde muchas veces parece importar más figurar que informar.
En nuestro caso elegimos otro camino. No compramos seguidores, no inflamos números ni promocionamos artificialmente publicaciones. Los resultados están a la vista y hablan por sí solos: lectores, vistas, reproducciones, mensajes y compartidos que llegan porque la comunidad elige acompañar este trabajo día tras día.
Lo preocupante no es que existan diferencias. Lo preocupante es cuando preguntar molesta, cuando repreguntar incómoda o cuando pareciera que ciertos temas sólo pueden hablarse entre pocos.
La información no pertenece a nadie. La realidad sigue estando en la calle, en el vecino que llama, en quien consulta y en quien espera respuestas.
También es injusto meter a todos en la misma bolsa. Todavía existimos quienes nacimos con códigos y seguimos trabajando con códigos.
En mi caso, cumplo con mi trabajo y está a la vista. No todos pueden decir lo mismo.
Porque comunicar no es operar. Comunicar no es esconderse. Comunicar es estar, escuchar, responder y poner la cara.
🚫 No usamos perfiles truchos.
🚫 No buscamos confundir.
✅ Seguimos aprendiendo.
✅ Seguimos trabajando.
✅ Seguimos sosteniendo un oficio que para muchos sigue siendo vocación.
Una reflexión final: cuidado con creer que el anonimato protege. Muchas veces, aquello que se crea para señalar a otros, termina mostrando más de quien lo creó.
Columna opinión: AD INFORMACIÓN REAL/Andreina Durán



