MERECE SER COMPARTIDA.
La nota del periodista  Daniel Claudio Guiñazú, a propósito de la muerte del gran Cacho Fontana, vaya un día después del fallecimiento de quien fuera su mujer Liliana Caldini, con quien tuvieron a las mellizas Ludmila y Antonella.

 

«He leído muchísimas reseñas sobre la vida y la trayectoria de Jorge «Cacho» Fontana. Muchas, la mayoría, repletas de errores e imprecisiones, sacadas de apuro y sin compromiso. Y todas escritas, seguramente, por jóvenes redactores desconocedores de quien fue Fontana: acaso, el más grande locutor y animador que hayan dado la radio y la televisión argentina a lo largo de su historia.
En los 60 y los 70, la fama y el prestigio de Fontana eran arrasadores, seguramente uno de los cinco argentinos más famosos: fue tapa de la primera edición de la revista Gente en 1965 y todo lo que hacía era éxito. Convirtió un horario marginal como la mañana de la radio, en el horario pico en facturación y audiencia. El Fontana Show era una aplanadora de ritmo, noticias, música y humor. Tenía con quienes hacerlo: Rina Morán y Beba Vignola le hacían el aguante en la conducción, Faustino García entraba con los flashes del Rotativo del Aire y Juan José Lujambio, con la info de último momento de la Oral Deportiva
Como productor, Fontana también fue un crack: apostó a lo periodístico y su programa fue uno de los primeros que puso móviles al aire buscando y llegando primero a la noticia. Y hacía notas a personajes del exterior. Si pasaba algo importante fuera de la Argentina, no escatimaba en gastos: había un pasaje listo para salir en vivo desde el lugar de los hechos. Sin celular e Internet, sólo por teléfono gracias a los esfuerzos de las operadoras del Servicio Internacional de ENTEL. Igual que ahora…
No era un gran entrevistador Fontana. En eso, Antonio Carrizo, el otro gigante de la locución y la animación, a partir de su mayor bagaje cultural, le sacó diferencias. Cuando en 1981/82 conducía Sexta Edición por Radio Rivadavia, el saludaba al entrevistado, hacía la primera pregunta y después, le dejaba el resto de la entrevista a Rolando Vera. Yo llegaba a la vieja redacción de Crónica de Azoparo y Garay a eso de las seis de la tarde y recuerdo que Carlos Alberto Fassio,por entonces jefe de Noticias de la edición matutina, actualizaba el panorama escuchando Sexta Edición que hacía un despliegue imponente de móviles y cronistas.
Ninguna de las síntesis biográficas (necrológica es otra cosa) repara que Roberto González Rivero «Riverito» fue el descubridor de Fontana. González Rivero era un pibe que a fines de los años 40, hacía una revista llamada «La Cumparsita» con la que recorría clubes, cabarets y radios para entrevistar a las grandes figuras tangueras y promocionar sus actuaciones. Una noche, lo escuchó a Fontana presentar en el Chantecler (actual Paraná 426) y dijo una frase memorable :»Este pibe tiene una guitarra eléctrica en la garganta». Le ofreció trabajo como tandero en 1949 en Radio del Pueblo y ahí empezó todo.
Como locutor deportivo también fue el mejor. Y lo hizo cuando ya era una celebridad casi intocable. Compartió transmisiones de fútbol y automovilismo con Alfredo Curcu y formó con Muñoz y Enzo Ardigó en Radio Rivadavia, tal vez la mejor cabina de la historia de las transmisiones de fútbol. En 1968, con Cafarelli y Cherquis Bialo, fue el locutor de una transmisión para la historia: Locche y Fuji a borde del ring desde el Kuramae Sumo de Tokio con auspicio de Bodegas y Viñedos Peñaflor. Recuerdo la música y la entrada de la voz de Fontana y se me eriza la piel.
Su presencia impactante en los avisos de la Tv era tan importante como el mismo producto. Decía estupendamente las frases que le escribían los excepcionales creativos publicitarios de los años 60 y 70. Nadie como él para afirmar «Con Seguridad» «Digale si a Lincoln (o a Tita y Rhodesia), digale si a Terrabusi» «Dellepiane cumple con su beber». Fue el conductor de exitazos como Odol Pregunta, La Campana de Cristal, Videoshow entre tantos otros programas y el impulsor de las tristemente célebres «24 Horas de las Malvinas». La voz y la imagen de firmas como Odol, YPF, La Serenísima. Terrabusi, Peñaflor, Bodegas Dellepiane, Nobleza-Piccardo, Alguien que lo vio en su apogeo dijo: «Este tipo es la Argentina». Y si, mas o menos fue así: Fue la voz y la estampa de un país que ya no es mas y que se fue mucho antes de que Cacho cerrara este mediodía, a la hora en la que tantas veces estuvo al aire, el último programa de su vida.

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